• Lola Hernández

En un divorcio todos pierden y todos ganan


“En un divorcio todos pierden”, me dijo un gran amigo cuando acababa de firmar su

acta de divorcio. Sus palabras me dejaron reflexionando: ¿quiénes son los que más

pierden en un divorcio?, ¿por cuánto tiempo permanece esa pérdida?, ¿habrá algo que

se gane?, ¿cómo se puede logra pasar del estado de pérdida al estado de ganar?. Yo

misma me divorcié hace algunos años, al día de hoy puedo decir que el papá de mis

hijos y yo hemos logrado experimentar la pérdida desde otra perspectiva de ganancia más que de pérdida. Llegar a este punto tomo su tiempo y requirió de disposición, trabajo personal, esfuerzo y un profundo respeto por los tiempos y formas de ambas partes.


¿Quiénes son los que más pierden en un divorcio?


La tendencia es pensar que los hijos son los que más pierden y probablemente es

verdad, pierden la seguridad que les genera la presencia física y emocional de ambos

padres; en ocasiones también pierden su espacio físico; muchos pierden los beneficios

de la estabilidad económica para satisfacer sus necesidades básicas y deseos. Por otro

lado pierden la atención, la paciencia, los momentos de calidad familiar, el tiempo de

convivencia con mamá y papá.


¿Por cuánto tiempo permanece la pérdida?


Un divorcio es decir adiós a algo que existió y que ya no existirá más de la manera que

fue, se quiera o no. Todas las partes viven un duelo: negación, rebelión, culpa,

depresión y aceptación. El sentimiento de pérdida puede permanecer a través del

tiempo, lo que puede transformares son los sentimientos de dolor, venganza, culpa,

tristeza o rabia, éstos sí que puede transformase y madurar con el tiempo, (si los

adultos lo deciden).


¿Cómo se transforman?


Cansándose de estar cansados de sentir el mismo absurdo

sentimiento que roba la energía, la alegría, la capacidad de gozo y que nos impide ser

una mamá y un papá suficientemente buenos. Se logra deteniendo el hablar por hablar

mal de la ex- pareja, que por un tiempo fue un persona sumamente importante en

nuestras vidas con la que se eligió unirse en matrimonio, de la que probablemente

estuvimos enamoradas o enamorados, con la que unimos un óvulo y un

espermatozoide para formar una familia. Muchos y muchas se preguntarán: ¿cómo

transformar la relación sí hubo una traición? a esta pregunta respondo diciendo una

frase hermosa: “el perdón surge cuando comprendo que el otro no pudo ser de otra

manera, y yo no puede ser de otra manera…”. En este punto no hay víctimas ni

victimarios, existe personas adultas responsables de sus pensamientos, emociones,

sentimientos y acciones.


¿Habrá algo que se gane?


¡Se gana lo que no se perdió! ¿Y qué fue lo que no se perdió? la vida misma. Se gana

la libertad de decidir de nuevo, de encontrar nuevas salidas para aliviar el dolor, la

culpa y la rabia. Se gana la fuerza para ver nuestra propia fortaleza, nuestra capacidad

de rescatarnos a nosotros mismos y por ende rescatar el barco completo de la familia.

Se gana la experiencia, la sabiduría, la compresión de que los seres humanos estamos

dominados por los patrones y creencias en los que fuimos educados, de las marcas de

nuestra cultura, de la religión, de las creencias limitantes de nuestro entorno. Se gana

la posibilidad de encontrarnos a nosotros mismos y comenzar de nuevo.


¿Cómo se puede logra pasar del estado de pérdida al estado de ganar?


Como lo mencioné anteriormente: se puede pasar de un estado de perder a uno de

ganar queriendo hacerlo y cansándose de estar cansados. Observando e

interiorizando el daño que nos hacemos, que hacemos a los hijos y que le hacemos a

la otra persona. La madre naturaleza deja pasar por alto el daño que le hacemos los

seres humanos, las mascotas dejan pasar el maltrato o el olvido de sus dueños, los

niños siempre comienzan de nuevo a pesar de toparse una y otra vez con adultos

dominados por sus emociones. ¿Si la tierra, los animales y los niños pueden darnos la

oportunidad de comenzar de nuevo, por qué nosotros no somos capaces de darnos

esa misma oportunidad. ¿Por qué sentirnos como Diosas y Dioses y querer que el o la

otra venga arrepentido a pedirnos perdón? y aún cuando piden perdón nos quedamos

aferrados a la duda y la venganza.


¿Cómo se pasa de un estado a otro?


Reconociendo que estamos repitiendo un patrón, que solamente tenemos una vida

para vivir y disfrutar, que los hijos crecen demasiado pronto y todas nuestras

emociones, acciones y sentimientos los marcan, reconociendo ,que somos tan

responsables como la otra persona de todo lo que nos ha llevado a firmar un acta de

divorcio.


En mi próxima entrada hare recomendaciones puntuales para comunicar a los chicos y

chichas sobre un divorcio y ayudarles a enfrentarlo de una manera más suave.



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