• Lola Hernández Gallardo

¿Hablar de autismo o de una persona?



Hace algunos días tomé la decisión de poner pausa a mis aportaciones sobre autismo en mis redes sociales - FB e Instagram principalmente -. Elegí tomar un tiempo para cuidar de mi misma, de mi salud, de retomar los sueños y objetivos que había abandonado en el baúl del: “más adelante lo haré” y que no tienen relación con el autismo. Escogí también darle vida a nuevas maneras de relacionarme con las personas que me interesan y que son parte esencial de mi entorno físico y virtual. Decidí innovar con mis sueños e ideales, experimentarme una vez más y comenzar de nuevo a mis cincuenta y tanto años.


Junto con la pausa como vocera por el autismo, elegí también generar nuevas ideas para hablar de “eso” que quizá puede incluirnos a todas las personas del mundo mundial más allá de un diagnóstico clínico o médico, de una forma de pensar o de percibir el mundo; más allá de una estructura corpórea, preferencia sexual, apariencia física, color de piel, profesión, raza, grado educativo, estatus migratorio, sentimientos de culpa, frustración, miedos, etc…


Aún no le he dado forma a “eso” de lo que más adelante quiero hablar, a lo que sí le he puesto nombre y apellido es a mi decisión de evolucionar en el tema de un solo diagnóstico: “el autismo”, ¿por qué? porque hoy mi hijo autista tiene casi 25 años y sus desafíos, necesidades y anhelos se parecen cada vez más a las de millones de personas de su edad que se mantienen separadas del resto por diversas razones que no voy a enumerar para no provocar controversia.


Desde mi interesante punto de vista la razón principal por la que muchas personas con autismo y sin autismo se mantienen separadas del resto se llama ACEPTACIÓN, como bien lo mencionaba Gerardo Schmedling T. en el tema de Acpetología: “NO aceptar la realidad mantiene la mente humana esclavizada al sufrimiento”, la realidad externa no cambia, lo que cambia es la mirada con la que contemplamos eso que nombramos realidad. Una vez que seamos capaces de observar la “cruda realidad” con una mirada benévola, empática, de esperanza. Cuando entendamos que no somos salvadores y que no venimos a rescatar a n a d i e, que no podemos cambiar al mundo pero si podemos cambiar como nos relacionamos con el mundo; cuando comprendamos que aquello que tanto nos duele ver en el afuera generalmente es nuestro propio dolor. El día que (sin sufrir) obtengamos todas las herramientas para cumplir nuestra misión, en ese momento seremos capaces de ayudar al otro desde la coherencia y el respeto por el proceso de evolución de cada persona.


Me siento profundamente agradecida y privilegiada por las muestras de cariño y las hermosas palabras de gratitud y reconocimiento que mi gente ha compartido en mis redes, gracias a todas y todos ellos profundicé en mi conocimiento del autismo, me convertí en una persona más empática a través de sus miedos y alegrías, me reafirmé como educadora y comunicadora social. Gracias a sus preguntas e inquietudes generé decenas y decenas de entrevistas con especialistas y a muchos de ellos y ellas hoy puedo llamarles: AMIG@S.


Continuaré comunicando a través de mi blog, no dejaré de llevar a cabo mi labor de comunicadora social. Gracias a cada persona que me lee y también a las que no, a las que están de acuerdo con mi decisión y a las que no lo están, a quienes me apoyan y a quienes no lo hacen, todas y todos son parte de lo que me corresponde vivir para evolucionar.


Los quiero felices y libres de sufrimiento

Lola Hernández Gallardo

Asesora Familiar y Educativa